Los dibujos del apocalipsis

Si algo impresiona más que el sufrimiento en imagen real, es el sufrimiento en dibujo animado. Quizá se deba a que tras años de ver a protagonistas de carne morir horriblemente en la pantalla, hemos interiorizado que siguen viviendo sus vidas como actores, mientras que para el dibujo atormentado no hay salida que valga. Resulta paradójico, e incluso puede parecer que no tiene puto sentido, pero si lo leen un par de veces más se convencerán de que todo esto que digo es cierto.
Si a eso le añadimos la relativa comodidad de plasmar las ideas más retorcidas sin demasiado equipo, recursos ni la molestia de aguantar a un actor, comprendemos por qué algunas de las mentes más retorcidas de nuestra generación (me encanta esa frase) han elegido la animación o el cómic como vehículo de expresión artística. Voy a mencionar a tres de mis favoritas. A través de su obra y siempre en perjuicio de sus protagonistas, las peores pesadillas atraviesan el velo.
La llamaría ‘la madre de todas las tiras apocalípticas’. Contiene algunas de las ideas más perturbadoras que han pasado por mis ojos. Desde mediados de los 90 hasta 2002, Pat Spacek y Jack McLaren se dedicaron a publicar semanalmente un montón de chistes que van de lo pesimista a lo directamente terrorífico. La conspiranoia convive con el surrealismo más aleatorio y la cafrería pura porque ellos lo valen. Aunque a veces da la impresión de estar políticamente alineados a la izquierda, en realidad no se casan con nadie. Los comunistas, las madres, los negros, los niños y las mascotas reciben la misma estopa que todos. Da lo mismo. Tenían más estilo que nadie.
Este joven drogadicto inglés que recuerda a Pete Doherty hace bien en seguir metiéndose de lo suyo. Las animaciones de este tío son tan enfermas que me cuesta hacer un resumen de su obra. El medio que utiliza es flash, con un estilo descuidado, macabro y lo-fi que Goya seguramente aplaudiría. Spoilsbury Toast Boy, por ejemplo, es una saga contada al revés sobre la existencia de un niño y su familia en un mundo distópico invadido por cucarchas gigantes alienígenas. En el primer capítulo, el protagonista muere eviscerado por una máquina de tortura tras vomitar un montón de insectos. A partir de ahí la historia se despeña por un abismo pavoroso que hace que un mal viaje de Burroughs parezca un día de picnic. En The Latest Model la sociedad cae víctima de una moda consistente en tener el último modelo de bomba atómica. Y así sucesivamente.
Cuando alguien es capaz de hacer que empieces a tener miedo de los globos de colores, escenifica la aniquilación del universo más sobrecogedora que has visto usando figuras de palos o presenta un sangrado anal que llena toda la pantalla a una cadena de programación infantil, sabes que está canalizando Algo extraño. Usando técnicas artesanales, un montaje cuidado y un acabado que roza el expresionismo, los mensajes que subyacen (o que directamente saltan a la nuca del espectador) en la obra de Hertzfeldt van del nihilismo al desencanto absoluto pasando por secuencias del absurdo menos tranquilizador.
Lo sé, tardo demasiado entre posts. Pero si lo hago es porque me empeño en traerles sólo mierda de la mejor. ¡Disfrútenla hasta la próxima entrada!

4.000 muertos y contando
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