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The nuclear joke »

O Detroit

abandoned book repository in detroit

Siempre he querido vivir en Detroit, y Hollywood tiene la culpa.

Primero fue Robocop, y Detroit era una tierra donde a media milla de una fábrica abandonada, cientos de jóvenes macarras abarrotaban un bloque dedicado íntegramente al graffiti, el skate y las máquinas de arcade mientras sus hermanos pequeños aprovechaban la clase de béisbol para desvalijar una tienda de televisores a golpe de bate. Por la noche, los representantes más desquiciados del gremio corporativo esnifaban coca de entre las tetas de las putas de lujo, y los robots gigantes de la OCP mantenían la inseguridad en las calles hasta que algún otro incívico los volaba en pedazos con un lanzacohetes.

Dejando aparte eso tan aburrido de las putas (yo tenía diez años) aquello sonaba emocionante. La Ciudad del Motor.

Años después, en lo que voy a llamar porque se me antoja ‘adolescencia madura’, descubrí Amor a Quemarropa (la peor traducción de un título desde La Semilla del Diablo… la semilla de quién decís, hijos de puta?). Obviamente, quise currar en una tienda de cómics allí para poder impresionar a Patricia Arquette y tirármela en mi ático bajo un gigantesco billboard después de ver tres pelis de kung-fu, todo con abundantes vapores de cañería de esos que en Europa no hay.

Y es que si con 18 años no quieres ser Clarence Worley, es muy probable que estés muerto.

Hace un tiempo, conocí a un tipo de Michigan que confirmó todas mis expectativas sobre Detroit y su naturaleza claramente apocalíptica, aunque me dijo que residir en los suburbs (no confundirse) era mejor si querías vivir sin una bala alojada en las costillas o bailando el ritmo del crack. Viniendo de la clase de americano que afirma con orgullo haber comido topo en las montañas, decidí valorar el comentario.

A decir verdad, desde entonces y salvo cuando veo alguna de las dos películas o hablo con el interfecto, me acuerdo poco de Detroit. Pero estas fotos me han vuelto a llevar allí. Su autor posee un blog extremadamente detroiter donde, entre otras cosas, inmortaliza sus visitas al equivalente arquitectónico del recto muy sucio. ¿Y qué podría gustarnos más que un recto… arquitectónico…? (Creo que este símil me ha llevado demasiado lejos.)

En cualquier caso, el esteta que hay dentro del apocalíptico que hay dentro de cualquier lector de esta página sabrá disfrutar de estas imágenes estimulantes. Sólo me queda advertirles que tengan cuidado si planean su propia excursión, porque ya saben: el crimen NO compensa.


¿Qué es esto?